A pesar de más de medio siglo de uso y haber demostrado ser medicamentos sumamente seguros y confiables, aún hoy existe cierto rechazo hacia el uso de psicofármacos. Esto suele conducir al mal cumplimiento terapéutico. Las razones más citadas por los pacientes están estrechamente relacionadas con miedos infundados, falta de información o prejuicios (Morselli & Elgie, 2003).

¿QUE SON LOS PSICOFÁRMACOS?

Son medicamentos psiquiátricos que se administran al organismo por alguna vía determinada (oral, intramuscular, etc.) y que su principal sitio de acción es el Sistema Nervioso Central, en especial el encéfalo (aquello que comúnmente llamamos cerebro). La principal intención al recetar psicofármacos es que estos actúen principalmente sobre las neuronas del encéfalo, para generar los cambios celulares que ayuden a la resolución de síntomas.

¿CUALES SON LOS ERRORES MÁS HABITUALES DE LAS PERSONAS QUE TOMAN PSICOFÁRMACOS?

  • “Mi trastorno es de origen biológico (o psicológico) y sólo necesito medicación, no psicoterapia. En realidad, la mayor parte de los casos en los trastornos psíquicos derivan de causas de distinto tipo y éstas están relacionadas entre sí.
  • “Si tomo medicación, estaré demostrando que soy una persona débil y/o loca”. Los prejuicios en relación a los trastornos mentales aún se mantienen En consecuencia, hay que pensar que la fortaleza y la valentía tienen que ver con tratar de resolver el problema mediante un buen tratamiento terapéutico.
  • “Acabaré dependiendo de la medicación, como si fuera un adicto”. La inmensa mayor parte de los psicofármacos no crean dependencia física ni psicológica. En el caso de que sí existiese este riesgo, como sucede con algunos ansiolíticos, quien receta el psicofármaco tendrá que encargarse de controlar la dosis y duración de la prescripción para evitar este
  • “No tomo la medicación como me han dicho, pero prefiero ocultárselo al doctor” Si el especialista que prescribe el psicofármaco no conoce la realidad de cómo se está tomando, no puede saber hasta qué punto la medicación es efectiva y adecuada o si son necesarios cambios en

 

  • “La medicación me está provocando efectos secundarios”. A veces, consideramos que una determinada sensación o efecto desagradable es un efecto secundario de la medicación cuando puede que no sea así (por ejemplo, puede tratarse de otro síntoma).
  • “He decidido dejar la medicación y no la tomaré a partir de mañana mismo”. Incluso en el caso de interrumpir el tratamiento farmacológico, se tiene que hacer de manera pactada con quien lo prescribe y progresivamente en la mayor parte de los casos. Si no se hace así, pueden tener lugar efectos muy desagradables, no necesariamente porque se haya creado dependencia sino por razones puramente fisiológicas.
  • “A pesar de la medicación, continúo bebiendo alcohol y/o consumiendo sustancias”. Aunque quien prescribe los psicofármacos ya suele contar con un probable consumo esporádico de alcohol por parte del paciente, es mejor la abstinencia o, como mínimo, limitar la frecuencia y cantidad de En general, el alcohol y otras sustancias (especialmente las “drogas”) pueden no sólo influir en los síntomas del trastorno sino también en el efecto de la medicación, tanto terapéutico como adverso.
  • “Voy a pedir al médico (o tratar de conseguir por mi cuenta) la medicación que me ha recomendado un amigo o familiar”. En realidad, cada caso particular tiene que ser evaluado y tratado de manera Aunque el problema de un conocido se parezca al nuestro, cada paciente aporta una situación específica para tratar y no reacciona igual a todos los medicamentos. Por lo tanto, el psicofármaco que ha funcionado en nuestro hermano o vecino no tiene por qué ser útil para nosotros.
  • “Me recetaron el medicamento hace mucho tiempo y ahora me limito a que el médico de cabecera me lo renueve”. Por desgracia, es un fenómeno muy extendido, en no pocas ocasiones producido o consentido por los profesionales. Así, a menudo hay pacientes que están tomando psicofármacos, habitualmente antidepresivos y/o ansiolíticos, desde hace años sin un correcto seguimiento médico. Incluso, aunque el trastorno fuese crónico y requiera un tratamiento a largo plazo, éste ha de ajustarse a la evolución del paciente.

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