Mientras que todos sin importar nuestro género podemos sentir la tristeza, los hombres normalmente la expresan a través del enojo, pareciendo enojados o agresivos en lugar de tristes. 

Dentro de nuestra sociedad podemos pensar en una mujer sensible a sus emociones y además las expresan, estas mismas mujeres también se pueden llegar a percibir como inestables y reactivas por la misma razón.

Diversos estudios comprueban que los padres al hablar con sus hijos, utilizan palabras con una carga emocional más grande en las niñas que en los niños, al igual que las pláticas de las emociones y los términos que se utilizan al jugar con ellos. Es decir, a las niñas se les habla de las emociones desde las emociones comenzando en su infancia, mientras con los niños esto pasa mucho menos. Los niños no reciben la información necesaria para verbalizar sus emociones y esto lleva a que de cierta forma las vean como ajenas a ellos.

Muchas veces la crianza de los hombres va enfocada a la enseñanza de la competitividad de ellos, el verse fuertes y por lo tanto evitar ser vulnerables y abiertos y así es como los niños terminan por aprender a no expresar emociones o minimizarlas, “No llores, tienes que ser fuerte para tu mamá” “deja de llorar, los niños grandes no lloran”

Sin embargo las emociones que sentimos, tanto hombres como las mujeres tienen el mismo propósito, ayudarnos. ¿A qué? a reaccionar, nos preparan para una respuesta. La tristeza tiene como función ayudarnos a expresarnos ante una situación ya sea de pérdida o decepción. Buscar y relacionarnos con otros y enfrentar la problemática que acontece, funcionando adaptativamente para recibir ayuda y apoyo de los demás. 

Sin embargo, no solo lloramos por tristeza, también se llora por dolor, miedo, ira y en ocasiones de alegría. Entonces ¿por qué lloramos?, la respuesta ha tenido intrigados a los científicos que lo investigan por décadas. 

La primera razón es porque existe un desequilibrio entre nuestras expectativas y lo que estamos percibiendo, generando un momento de tensión o ansiedad, cuando procesamos este desequilibrio la forma de regresar al equilibrio es liberar dicha ansiedad a través de las lágrimas aliviando el malestar. También podemos llorar como motivación para nuestro medio social a apoyarnos y sentir empatía con nosotros durante nuestro malestar o al contrario, demostrar en un medio social que sentimos empatía de la situación que están viviendo. A través del llanto logramos elaborar y expresar nuestras emociones, una forma más de comunicarnos.

La realidad es que aunque intentemos negarlo, todos lloramos, con mayor o menor intensidad, y la intensidad en que lo hacemos en ocasiones tiene que ver con nuestro desarrollo social y barreras culturales a expresar nuestras emociones. 

Así que sí, los hombres también lloran y no solo es lo natural por hacer, sino que tiene grandes beneficios para quienes lo hacen. Está bien expresar emociones, comunicarlas y pedir ayuda. Y tú, ¿Cómo pides ayuda?


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